Escrita por: Contraalmirante Alberto Ahrens Angulo, Comandante en Jefe de la Quinta Zona Naval.

Como Nación hemos conocido y vivido una serie de catástrofes naturales, que nos han golpeado profundamente, formando nuestro carácter, idiosincrasia y valores tan propio de los chilenos. Es precisamente en las crisis donde afloran características tan importantes como la solidaridad, resiliencia y espíritu nacional que permiten levantarnos con orgullo una y otra vez. No obstante; para lograr convivir en tiempos difíciles, tal cual lo hacemos los marinos frente a un mar, que puede llegar a ser, impredecible y pleno de incertidumbre, se debe mantener firme la caña, sorteando la tormenta con el rumbo ordenado y ciñendo las velas con la maniobra controlada.

Ahora, en medio de esta tempestad en que nos encontramos todos, surgen liderazgos colaborativos y no competitivos que, por sus investiduras o simples circunstancias, han aceptado el desafío de apoyar el rumbo, ya sea desde la dirección del timón o la fuerza que requiere la maniobra, conformando de esta manera, un solo equipo, con un objetivo en común. Pero esta tarea, requiere la convicción y entrega que solo un líder puede cultivar en su diario vivir, a fin de lograr con su ejemplo y compromiso la tarea de formar, trabajar y confiar en un equipo de personas que se entreguen tanto como el mismo, brindando su máximo esfuerzo y capacidad, pensando en el bien del objetivo y del equipo. De manera tal, que cada uno de sus integrantes sea valorado por la contribución de su trabajo y el cumplimiento a cabal de la función que se le asignó.

Lamentablemente en mares turbulentos aparecen peligros tan mortales como la misma tormenta, orientando la visión de los vigías sobre orillas llenas de desconfianza o roqueríos de los cuales penden intereses egoístas y protagonismos sin sentido, que irresponsablemente tratan de cambiar una y otra vez el rumbo trazado, hasta hacer zozobrar el navío que se esta navegando.

La Armada ha estado siempre presente en esta Región, contribuyendo permanentemente a su desarrollo marítimo, ya sea protegiendo la vida humana en el mar, resguardando el medio ambiente acuático con sus recursos naturales marinos, así como también, efectuando la regulación de las actividades y la cautela del cumplimiento de las leyes y acuerdos internacionales. Deberes ineludibles que no pueden ser detenidos ni evitados en beneficio de nuestra sociedad. Cabe destacar; que pese a la pandemia, hemos continuado con nuestras tareas y deberes por el progreso de toda la Región, labores que hacemos siendo conscientes de la dependencia que muchas familias tienen en la actividad marítima.

Desde que el presidente de la República decretara el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe para enfrentar la crisis que desató el Covid-19, la Quinta Zona Naval, dispuso sus capacidades para la tarea de resguardo, sin abandonar las actividades propias y habituales a lo largo y ancho de nuestra jurisdicción.

Ahora más que nunca nos sentimos con la responsabilidad de apoyar el esfuerzo sanitario, con el fin último de aplacar esta pandemia, siempre hemos sido parte de este equipo comprometido con el sostenimiento de las comunidades isleñas y ribereñas, ya sea efectuando el programa de rondas médicas o acudiendo con nuestros medios para ejecutar los rescates marítimos, tanto para naves mayores como para embarcaciones en peligro.

El rumbo está fijado, tenemos que superar esta enfermedad y para ello invito a las familias, a todos los sureños de corazón, a formar parte de este equipo, que no busca otra cosa que contribuir al éxito de esta maniobra. Confío en que unidos, como una sola dotación, podemos reflejar lo mejor de nosotros y para los nuestros, evitando terminar esta travesía con mezquindades que deriven finalmente con nuestra nave encallada.