Por Rodrigo Araya, médico cirujano
Consejero Regional (RD) por Coyhaique.

El próximo 25 de octubre acudiremos a un proceso inédito en un momento excepcional, e iremos abriendo paso a un momento histórico que nos ofrece la redacción íntegra de una Constitución entre ciudadanos y ciudadanas, de manera paritaria. Además, se inicia un calendario electoral intenso que no se detendrá hasta el 2022, con las sucesivas elecciones de gobernadores regionales, municipales, parlamentarias y presidenciales.

La pandemia nos ha desafiado a aprender a convivir con una percepción de peligro mayor por el coronavirus y, como consecuencia de esto, es probable que algunas personas estén pensando que ir a votar representará un peligro. Sin embargo, el ejercicio de la democracia no se ha detenido en el mundo, y se han llevado a cabo diversos procesos de elecciones. No hay que restarse de este ejercicio ciudadano, votar es un derecho que representa nuestra voz; hay que participar para decidir.

El 10 de septiembre el Servicio Electoral publicó en el Diario Oficial el Protocolo Sanitario que cuenta con una serie de normas y procedimientos de carácter general y obligatorio para un plebiscito seguro. Habrá 2.715 locales de votación a lo largo del país, un 25,9% más que en las elecciones de 2017, con un horario de votación extendido desde las 8:00 hasta las 20:00 horas, con un horario exclusivo para mayores de 60 años, desde las 14:00 a las 17:00 hrs., quienes también se podrán excusar para ser vocales de mesa. La mascarilla sólo se podrá quitar por tres segundos para la comprobación de la identidad y se podrá votar con los documentos vencidos. Se contará con un kit sanitario para los vocales de mesa, para las fuerzas de seguridad y de orden. Se exigirá el uso de la mascarilla y el distanciamiento social a los votantes y se considerará un máximo por mesa. “Ir a votar al plebiscito no será más peligroso que ir al supermercado”, afirmó Patricio Santamaría, presidente del consejo directivo del Servel.

Las democracias se construyen a diario, entre todos y todas, en la vida cotidiana, en la dignidad, en el ejercicio de libertades y derechos. El pueblo es la esencia de un Estado, y si el pueblo se convoca para redactar una Nueva Constitución representa aquella esperanza de que sabremos seguir reconociéndonos para construir futuro, incluso en este contexto de pandemia que nos pone a prueba. Aún queda mucho por aprender en este nuevo escenario de convivencia en emergencia sanitaria, pero el llamado es a no detenernos, a tomar las medidas correspondientes, y a asistir a votar, para construir este país que nos abre nuevos espacios de diálogo y justicia social.