Escrita por: Contraalmirante Alberto Ahrens Angulo, Comandante en Jefe de la Quinta Zona Naval.

El próximo 20 de octubre el mundo entero recordará los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Chile, por su posición geográfica esencialmente marítima, será protagonista de esta celebración, recordando la expedición que el marino portugués Fernando de Magallanes iniciara al mando de 5 naves y 265 hombres, desde Sevilla el 10 de septiembre de 1519, buscando una ruta occidental que le permitiera alcanzar las Molucas y sus especias.

Sin lugar a dudas el hecho de zarpar rumbo a lo desconocido destaca el valor y convicción de este Comandante, pero la verdad es que Magallanes, no solo tuvo que enfrentar la incertidumbre y la navegación en el mar del sur, sino que también debió sobrellevar la intención de motín de sus capitanes, el naufragio de una de sus naves, la “Santiago” y el retorno a España de la “San Antonio”, como esta última era la que llevaba los víveres, con su abandono dejó a las dotaciones presas de la hambruna y el escorbuto.

En 38 días de navegación, exploraron la accidentada costa austral, persiguiendo entre islas, canales y fiordos, alguna salida a mar abierto. El empleo de las chalupas fue esencial para asegurar el paso de las naves mayores o en efecto evitar la inútil navegación que los llevaría a recalar a una bahía o ensenada rodeada por farellones impenetrables.

El implacable clima acompañó a los europeos durante toda su exploración, siendo sorprendidos en ese desolado paisaje por huellas de habitantes, los que usaban las pieles de animales en sus pies, dejando en sus pasos grandes huellas en la arena, los marinos los llamaron “patagao” (pie grande), de ahí el nombre de patagones. También fueron testigos de grandes fogatas que desprendían mucho humo y bautizaron el lugar como “tierra del fuego”.

El 28 de noviembre de 1520 los tres buques, después de navegar un mar furioso, por fin desembocaron en un mar que se abría calmo en su ruta y lo llamaron Océano Pacífico. Para esa tripulación ese día comenzaba una nueva expedición, con mayor incertidumbre y mayores penurias, sin un mapa que les diera la certeza de la extensión de este nuevo océano.

La hazaña de Magallanes no solo permitió descubrir el paso entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico, también demostró que la tierra era esférica y su travesía entregó los datos que permitieron dimensionar el tamaño de los océanos.

En marzo de 1521 Magallanes alcanzaría el archipiélago de las Filipinas donde finalmente moriría. Su piloto Juan Sebastián Elcano, continuaría con la navegación por el Océano Indico, pasando por el Cabo de Buena Esperanza y retornando a Europa por la ruta Atlántica. Hasta que un 6 de septiembre de 1522, enfermos y después de tres años de travesía, los 18 supervivientes amarraban sus velas en Sanlúcar Barrameda.

321 años más tarde, Chile y los valientes Chilotes de la Ancud, brindaban a su país la toma y posesión del estrecho otorgándole la salida, no solo al continente blanco sino al desarrollo marítimo nacional.