Escrita por: Marcelo Cisternas Riedman, Coordinador Causa Evopoli Pro, Evopoli región de Aysén

 

En esta ocasión no quiero hablar de los aspectos económicos de la acción de emprender un negocio comercial-productivo, sino que relacionar esta actividad con un tema más de desarrollo personal o si se quiere más relacionado con una dimensión espiritual.   Los que hemos tenido la ocasión de emprender una actividad comercial, nos hemos dado cuenta que esta aventura nos saca si o si de nuestra zona de confort que pudiéramos estar experimentando, nos comienza a enfrentar con todos nuestros miedos, comenzamos a descubrir capacidades personales que teníamos a lo mejor muy escondidas, como también podríamos descubrir que sacamos desde nuestro interior impulsos conductuales que no son tan positivos, producto quizás de las presiones a las cuales se enfrenta un emprendedor en el mercado donde operan otros emprendedores que también compiten por captar las preferencias de los mismos clientes.

En el proceso de llevar adelante nuestro emprendimiento uno experimentará momentos de no saber qué hacer, qué decisión tomar ante determinadas situaciones, sentirse perdido, sin saber qué rumbo tomar, queriendo en numerosas ocasiones tirar la toalla.  Se enfrentará el fracaso, a múltiples caídas, incomprensión, críticas y hasta envidias. Sí, todo esto es parte del emprendimiento. Es el precio que se paga cuando uno decide hacer algo diferente con su vida.

Por eso es importante que si te lo tomas como un proceso normal, donde sí o sí te van a suceder todas estas cosas, al final lo único que pasará es que crecerás como persona, te harás más fuerte, más confiado, más auténtico, te conocerás mejor.

Según muchas enseñanzas espirituales, la vida en sí es un proceso lleno de dificultades o de experiencias que nos resultan dolorosas, porque sólo así podemos aprender y crecer, sólo así evolucionamos. Si uno toma el proceso emprendedor como una oportunidad de crecimiento, de desarrollo personal y espiritual, todos esos altibajos se podrán llevar mucho mejor.

Algunas personas emprendedoras suelen reconocer que una de las cosas que también ayuda al crecimiento de un emprendimiento es aquello llamado intuición, y qué es la intuición?  sino la conexión con lo intangible, con lo auténtico, con lo esencial de uno mismo.

Las personas y más en tiempos actuales, viven y vivimos desconectados de la intuición.  En el mundo del emprendimiento nos dejamos llevar por planillas excel, análisis racionales de mercado y financiamiento del negocio, uso de metodologías de la ciencia administrativa y financiera, de éxitos probados, etc. O sea, el uso hegemónico de nuestra mente racional.

Creo que para tener éxito en un proyecto emprendedor, un ingrediente fundamental es que este proyecto esté relacionado con el propósito de vida, con la misión que tenemos, con los talentos que todos tenemos y que a veces no hemos logrado todavía autodescubrir, en definitiva a nuestro propósito vital.

Todo esto a primera puede parecer muy grande, a veces inalcanzable. Pero el propósito puede ser muchas cosas muy espirituales y a su vez muy cotidianas: compartir con los demás lo que vas aprendiendo, escuchar a personas ayudándoles a descubrir su potencial, funcionar desde el amor y no desde el miedo.

Por lo tanto emprender, tanto desde lo cultural, social como también y principalmente desde lo comercial, es una aventura de vida que debiéramos valorar en todo lo que significa para nuestro crecimiento personal, y no solamente enfocarlo desde ganancias monetarias y rentabilidades financieras.