Haileen Piedra
Coordinadora de Marketing Midea Carrier Chile

La contaminación acústica es el exceso de sonido -ruido- que altera las condiciones normales del medio ambiente en determinada zona. Pese a que hay quienes pueden convivir con el volumen alto de personas, dispositivos, industrias o vehículos, este tipo de contaminación es capaz de afectar y disminuir la salud y calidad de vida de seres humanos y animales. El “contaminante invisible” se genera cuando el ruido alcanza un nivel superior a 70 decibeles.

Las alteraciones que puede provocar este tipo de alteraciones acústicas van desde daños al oído como vértigo o pérdida de equilibrio hasta repercusiones en el aparato circulatorio, digestivo y respiratorio, así como alteraciones psicopatológicas como el sueño o pérdida de memoria, entre otros.

Se trata de un tipo de contaminación que no genera tanta atención, pero que sin embargo causa daños fisiológicos y psicosomáticos muchas veces irreversibles. Según datos de la OCDE, más de 120 millones de personas en el mundo y 13 millones en los países miembros de este grupo sufren estos males.

Los ruidos más típicos en un hogar corresponden a aspiradora (75 decibeles), juguera (25 decibeles) y secador de pelo (84 decibeles). Y si el ladrido de un perro puede llegar a los 80 decibeles, el llanto de una guagua anota 20 decibeles. Se trata de un problema “barato de producir” a través del tránsito vehicular, el comercio ambulante y los centros de diversión.

Todo esto debe ser considerado por la industria (home appliance) para que los hogares cuenten, de manera progresiva, con dispositivos que generen el menor ruido posible para consolidar espacios más eficientes y amigables para todos. Una nota de atención en este sentido lo pone la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa, que advierte que, por su rango de impacto, la contaminación acústica es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, por detrás de la polución atmosférica, y no sólo es una molestia medioambiental, sino también una amenaza para la salud pública.

No basta con no gritar en casa, no escuchar música a todo volumen o evitar usar electrodomésticos por la noche y a primera hora del día. Estas son sólo algunas sugerencias básicas por respeto a los demás, pero sobre todo, por respeto al cuidado de la salud mental.

En este sentido, invertir en el desarrollo de tecnologías más silenciosas para los desarrolladores de electrodomésticos, por ejemplo, promoverá una competencia que irá en directo beneficio de los consumidores. El ruido, contaminante invisible que produce efectos negativos en el ser humano, constituye también un grave problema medioambiental y social, por lo que combatirlo implica asumir una actitud de respeto a los demás y a nuestro entorno, y corregirlo demanda acciones individuales y colectivas para mitigar el ruido que hacemos todos.