Escrita por: David Valentín Aguilar Reyes, Abogado y Coordinador Causa Pro-Bono, Evopoli región de Aysén.

¿Necesitamos como sociedad organizada el control permanente del Estado en las vidas de cada ser humano? A caso ¿Realmente  será necesaria la existencia de un Estado paternalista que nos diga, cómo pensar, qué comer y cómo realizar el proyecto de vida personal?

El concepto de un Estado que vele por nosotros y nos proteja de nuestras propias decisiones, forma parte importante del discurso en la actualidad, iniciando a mediados del siglo XX (post segunda guerra mundial) marcado por los  cambios políticos, sociales y económicos de la época, además de los fuertes movimientos nacientes de la izquierda latinoamericana y dictaduras totalitarias con enfoque Estatistas en el mundo, provocando en la cultura, política y pensamientos filosóficos un abono para el crecimiento de sus cimientos, que en cuyo caso, lleva actualmente a visualizar su arraigado cauce, conduciendo a un Estado con más poder de decisión sobre la voluntad de cada individuo.

Es por ello, que dicho discurso forma parte de un régimen que no mira ideologías, pero que sí se siente más acomodados con ciertos sistemas políticos que predomina el control de masas, por cuanto, logra su objetivo siendo atractivo para un sector que no se siente contento con la libertad plena de acceder a las mismas oportunidades sin mediar privilegios, aborreciendo la meritocracia y el esfuerzo propio. La base de dicho Estado paternalista y divino parte en la incapacidad de los ciudadanos para tomar decisiones que el Estado estima justo, dejando ver entre líneas que no somos capaces de realizar conductas acordes a las expectativas de tal Institución.

Es preciso señalar que el Estado se le es entregado y reservado el monopolio del ejercicio de la fuerza legítima, con el fin de garantizar el cumplimiento de las normas en conjunto con los principios básicos de convivencia, por cuanto, resulta de real preocupación que ante imponente situación sean vulnerados nuestros derechos a la autodeterminación, no pudiendo defendernos ante cualquier abuso de su poder, ni los Tribunales ni los vacíos legales en caso alguno podrán frenar tal maquinaría. Es por ello, que se debe reivindicar la autonomía moral como una completa elección, pidiendo al Estado no asumir ninguna concepción de ética, toda vez que su papel predominante es garantizar la más amplia extensión para la libertad de cada persona.

Ahora bien y asumiendo que como civilización estamos en constante cambios y evolución, es imperioso enfatizar y dejar en claro, el hecho de que si queremos avanzar a una sociedad con mayores libertades estas se deben acoplar a las transformaciones de las distintas Instituciones que hoy nos gobiernan, no atribuyendo a estas más poder sobre nosotros, sino todo lo contrario, deben garantizar el límite del poder y la forma de ejercerlos.

Para finalizar, debemos entender que la figura de Estado no es algo que se nos viene dado, dicha institucionalidad es una forma de organización que constituye un modelo de relaciones de poder que se ha ido conformando a través de la historia, para la convivencia social entre individuos, ejerciendo la función de soberanía, llevando a un equilibrio de las relaciones humanas y una convivencia social pacífica con el respeto irrestricto de la libertad individual de cada ser humano, siempre bajo la tutela del Estado de Derecho y una democracia Constitucional.